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Le mythe de la croissance

El Mito del Crecimiento
Para el PIB, un país va bien cuando produce y consume más. Nada más. No importa si la gente vive mejor, si el aire se vuelve irrespirable o si los ríos se secan.
El decrecimiento (degrowth) cuestiona esa idea.

André Gorz, 1972
El término "decrecimiento" (décroissance, en francés) nació en 1972, cuando el filósofo político André Gorz lo usó por primera vez en una conferencia internacional en París.
Su pregunta era directa: ¿puede el crecimiento económico continuar sin fin en un planeta finito?
El decrecimiento nació como una crítica al modelo capitalista industrial.
Su punto de partida es básico: no se puede crecer sin fin en un planeta con recursos limitados.
Por eso propone dejar de medir el progreso solo por cuánto crece el PIB, y empezar a preguntarse qué se produce, para quién y a qué costo.
Ese tipo de crecimiento suele traer más desigualdad, porque la riqueza que se produce no se reparte de manera justa. También destruye ecosistemas y agota recursos naturales que no se pueden reponer al ritmo en que se consumen.
Y aun así, no siempre mejora la vida de las personas: se produce más, pero no necesariamente se vive mejor.

Un malentendido frecuente
Decrecer no significa empobrecer a nadie.
Significa redistribuir el trabajo, el tiempo y los recursos para que todas las personas vivan bien, sin reventar el planeta.
Quien más tiene y más consume es quien más debería reducir. Quien hoy no llega a lo básico necesita justamente lo contrario.
Repensar la economía no es solo consumir menos. Es cambiar qué se produce y cómo se vive: que lo que se rompe se pueda arreglar, que lo esencial se produzca cerca de donde se necesita y que la salud, la educación y el cuidado sean un derecho y no un negocio.
Menos horas produciendo sin sentido, más tiempo para lo que sostiene la vida.

Quién paga la cuenta
En América Latina, el crecimiento se celebró durante décadas como sinónimo de desarrollo. Pero sus beneficios casi nunca llegaron a quienes vivían donde se extraían los recursos.
Minas, monocultivos y megaproyectos dejaron ríos contaminados y comunidades desplazadas, mientras las ganancias se iban a otra parte.
La pregunta no es solo cuánto se crece, sino quién gana y quién carga con las consecuencias.
La meta no es acumular más.
Es una vida buena, digna y sostenible para todas las personas.
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Crédits des images
- Planche 1 : Eyoel Kahssay
- Planche 3 : Institut Mémoires
- Planche 7 : Shivendu Shukla
- Planche 10 : William Navarro
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