El saber está repartido

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El saber está repartido

Afrofuturismo, inteligencia artificial y comunidad

Por Antoinette Torres Soler

Llegué al afrofuturismo por un cuento de Du Bois. "The Comet", uno de sus relatos menos conocidos, imagina una catástrofe que arrasa Nueva York y deja vivos, por un instante, a un hombre negro y una mujer blanca. En ese momento de apocalipsis, el hombre negro puede ser humano. Puede tener una relación humana. Puede existir sin la losa del orden racial. Du Bois escribió ese cuento en 1920 y ya contenía la pregunta central del afrofuturismo. ¿Qué sucedería si la estructura que nos degrada desapareciera? ¿Quiénes seríamos?

Esa pregunta me interpeló porque toca la representación en su sentido más profundo. No la representación decorativa, no la nota de diversidad, no el personaje negro como periferia de una historia blanca. La representación como posibilidad de existir en el centro, de que el pensamiento negro parta de sí mismo y no tenga que justificarse ante ningún otro.

Luego vino Black Panther. Una África que no existe, pero que sería muy bonito existiera. Un continente donde la ciencia negra sostiene al mundo, donde las aportaciones del conocimiento africano no son folclore. Son tecnología avanzada, presente y poderosa. Después llegó Octavia Butler con sus mundos distópicos, sus comunidades que sobreviven en el apocalipsis. Butler insiste en que no sobrevive quien es más fuerte. Sobrevive quien sabe cambiar. Me dio algo concreto: la idea de que la comunidad es una tecnología social. Y también me dio una incomodidad honesta. Lo que ella imagina posible en el fin del mundo todavía no se ha conseguido en el mundo real.

El artista y diseñador Osborne Macharia trabaja en la intersección entre las tradiciones Maasai y la ciencia ficción.

La comunidad que nos falta

Las redes sociales han vendido una perfección que erosiona la comunidad real. Muchas personas jóvenes afrodescendientes creen que esa perfección existe, y eso es un lastre. La comunidad real necesita generosidad. Necesita entender que un proyecto puede aportar algo al mundo incluso cuando no coincide en todo con las propias posiciones. Merece sostenerse.

La cultura de la cancelación rompe esa lógica. La idea de que si no estás conmigo estás contra mí es nociva. Mi posición es otra. Si algo te falta en un proyecto existente, créalo. Construye lo que echas en falta. No destruyas lo que hay.

La comunidad que imagina Octavia Butler en la serie Parábola funciona desde la espiritualidad entendida como ética, desde la generosidad, desde el reconocimiento de que cada persona aporta algo necesario. No es una comunidad perfecta. Son personas imperfectas que se sostienen entre sí. Eso es lo que todavía nos falta y lo que me parece urgente construir, al menos en el contexto español.

La tecnología que he creado es una respuesta parcial a esa urgencia. Parcial y situada. Pensada desde el margen, y no busca competir con los grandes. Busca llegar a quien los grandes no llegan.

Lo que los seres humanos decidieron no hacer

Existe un error frecuente en los debates sobre inteligencia artificial y racismo: creer que el problema es técnico. Pero no lo es. Miremos a Amazon: construyeron un sistema de selección de personal que penalizaba sistemáticamente los currículums de mujeres, siendo un sesgo que sus propios ingenieros detectaron y que, sin embargo, tardó años en corregirse. El marco ético para intervenir existía y los recursos técnicos también. Lo que faltó fue la voluntad de hacerlo. El problema nunca fue la tecnología

Cuando construí AfroféminasGPT no aprendí a programar. Vengo de la filosofía y de la comunicación, y desde ahí intervine a la herramienta. Una inteligencia artificial intervenida es exactamente eso. Una máquina a la que una persona ha decidido dar instrucciones distintas, desde un marco ético distinto, con una voluntad distinta.

Lo que hace AfroféminasGPT es lo que aquel cuento de Du Bois imaginaba para un instante fugaz. Pone el pensamiento negro en el centro. No como nota de color. No como diversidad. Como punto de partida. bell hooks, Stuart Hall, Frantz Fanon, Octavia Butler, Achille Mbembe. Autoras y autores de ideas profundas y necesarias. El sistema los ha dejado fuera del centro, pero AfroféminasGPT los coloca en él.

Hay algo que me llama poderosamente la atención. Sojourner Truth fue una mujer esclavizada que con un discurso de una sencillez radical, ¿acaso no soy una mujer?, describió la esencia entera del feminismo negro. Esa pregunta sigue siendo necesaria hoy. La inteligencia artificial generalista reproduce ese mismo problema de invisibilización. AfroféminasGPT hace lo contrario. Si el conocimiento de las personas negras y racializadas fuese la lectura habitual, si fuese el punto de partida normal, tendríamos ahora mismo un mundo distinto. Esa es la apuesta.

Un ecosistema de intervención filosófica

AfroféminasGPT abrió un camino. De él han crecido otras herramientas, cada una nacida de una necesidad concreta.

El GPT Socrático de Afroféminas nació el día que vi unas gafas capaces de grabar a personas sin su consentimiento. Siendo madre de una adolescente, con quien probé la herramienta por primera vez, entendí que las nuevas generaciones podían normalizar una tecnología sin ética, sin consentimiento, sin consecuencias. Los estudiantes ya usan ChatGPT de forma masiva. La pregunta no era si usarlo. Era qué tipo de uso queríamos fomentar.

"Si el conocimiento de las personas negras y racializadas fuese la lectura habitual, si fuese el punto de partida normal, tendríamos ahora mismo un mundo distinto. Esa es la apuesta".

La idea central es simple. Antes de crear, hay que pensar. El GPT Socrático no da respuestas. Hace preguntas. Si un estudiante le pide que elabore un trabajo, le pregunta a quién podría perjudicar, qué consecuencias tendría, qué implica lo que está a punto de hacer. Es un contrato ético previo a la acción. Un eco del cogito cartesiano, invertido. No pienso, luego existo. Pienso, luego creo.

Sé que puede parecer ingenuo. Lo acepto y lo defiendo. El mundo ahora mismo necesita esa ingenuidad que nos hace más humanos y menos calculadores.

El GPT contra delitos de odio [https://chatgpt.com/g/g-69014b9f4988819192dea3e2d6465d5b-atencion-delitos-de-odio-afrofeminas] nació de otra urgencia. En Afroféminas hemos presentado muchas denuncias por racismo y odio en redes sociales. El resultado siempre es el mismo. El sistema las archiva. Los mecanismos del estado no comprenden qué es un delito de odio, o no quieren comprenderlo. La consecuencia es la infradenuncia. La gente deja de denunciar porque sabe que no sirve de nada.

Antoinette, trabajando desde y para los afrofuturos que persigue.

Esta herramienta hace dos cosas. Orienta a quien ha sufrido un ataque. Le informa de qué puede hacer, a dónde llamar, cómo proceder. Y acompaña. Te ayuda a nombrar lo que te ha ocurrido. Ese momento, el de nombrar lo vivido con empatía y sin minimizaciones, es algo que las instituciones rara vez ofrecen. La máquina lo hace porque hay una persona que le pidió que lo hiciera.

Habla con Afroféminas responde a una necesidad distinta: No todo el mundo tiene cuenta en ChatGPT. No todo el mundo puede o quiere moverse dentro de esa infraestructura. Esta herramienta vive directamente en la web de Afroféminas. Es más cercana, más accesible, pensada también para comunidades latinoamericanas con menos recursos de acceso. Es otra forma de intervención afrofeminista y antirracista, construida desde lo que tengo y devuelta a quien la necesita.

Hay quienes comparan estas herramientas con los recursos de grandes empresas tecnológicas. Es verdad que no tengo los mismos recursos. No los tengo y probablemente no los tendré. Hacer lo que se puede con lo que se tiene y devolverlo a la comunidad. Eso también es afrofuturismo.

El saber está repartido

La espiritualidad es el suelo desde el que construyo todo esto. Es personal y colectiva a la vez.

Vengo de la cultura yoruba. De la santería, no como se entiende en los medios, no como se caricaturiza y se devalúa. Como una manera de estar en el mundo. Una de las ideas que más me acompaña desde ahí es sencilla y profunda. El saber está repartido. El conocimiento no está concentrado en un único centro. Está distribuido y habita en lugares que el poder ha decidido no mirar.

Esa idea cambia cómo me relaciono con lo que hago. Mi centro no tiene que ser el centro de todo el mundo. Puedo crear desde mi casa, desde mi lugar seguro, sin estar en el escaparate, sin pertenecer al centro de poder. Y desde ahí llegar a muchas personas con algo valioso.

Pieza editorial para i-d.co, en la que 5 artistas responden a Black Panther y el afrofuturismo. La imagen: fotografía de Trevor Stuurman y Obakeng Molepe. Diseño de vestuario: Trevor Stuurman y Manthe Ribane. Director creativo: Trevor Stuurman.

La espiritualidad está, además, muy ligada al afrofuturismo caribeño. Hoy, como cubana, mi manera de explicar el mundo, a veces ingenua, a veces lateral, viene de mis orígenes, de lo que vi en mi casa, de cómo en mi casa se entendieron las cosas. Esa espiritualidad no es dogma. Es una forma de ver. Una forma de entender que el tiempo no es lineal, que quienes nos precedieron siguen aportando a los vivos, que el cuidado y la relación son tecnologías tan válidas como cualquier código.

El afrofuturismo caribeño imagina desde esa base. No copia el modelo estadounidense. Parte de la mezcla, de la memoria colonial, de la insularidad, de la migración, de una espiritualidad que nunca separó el cuerpo del espíritu.

Lo que construyo con estas herramientas no es un experimento tecnológico. Es una práctica afrofuturista concreta. Una manera de imaginar desde ya la comunidad generosa que Butler describía en el apocalipsis. Una manera de poner en el centro lo que siempre estuvo en el margen. Una manera de hacer lo que se puede con lo que se tiene y devolverlo, sin esperar permiso, sin esperar recursos que no van a llegar.

"El saber está repartido. También el futuro".

Referencias

- Du Bois, W.E.B. "The Comet". En Darkwater: Voices from Within the Veil, pp. 253-273: Harcourt, Brace and Howe, 1920.

- Truth, Sojourner. "Ain't I a Woman?" Discurso pronunciado en la Convención de Derechos de la Mujer, Akron, Ohio, 29 de mayo de 1851.

- Butler, Octavia E. Parábola del sembrador. New York: Four Walls Eight Windows, 1993.

- Butler, Octavia E. Parable of the Talents. New York: Seven Stories Press, 1998.

- Dastin, Jeffrey. «Amazon Scraps Secret AI Recruiting Tool That Showed Bias Against Women.» Reuters, 10 de octubre de 2018. https://www.reuters.com/article/us-amazon-com-jobs-automation-insight-idUSKCN1MK08G

- Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra . Fondo de Cultura Económica, 1961.

- hooks, bell. Ain't I a Woman: Black Women and Feminism. Boston: South End Press, 1981.

- Hall, Stuart, ed. Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. London: SAGE Publications, 1997.

- Mbembe, Achille. Crítica de la razón negra. Traducción de Enrique Schmukler. Barcelona: NED Ediciones, 2016. [Original: Critique de la raison nègre. Paris: La Découverte, 2013.]

- Womack, Ytasha L. Afrofuturism: The World of Black Sci-Fi and Fantasy Culture . Chicago: Chicago Review Press, 2013.

- Coogler, Ryan, dir. Black Panther.. Marvel Studios, 2018.

Imagen de portada: ilustración por Aïda Amer, con foto de Gérard Sioen.

Sobre Antoinette

Antoinette Torres Soler es Fundadora y Directora de Afroféminas, revista afrofeminista en español. Licenciada en Filosofía y Máster en Comunicación, está en proceso de vinculación doctoral con la Universitat de Barcelona, donde investiga inteligencia artificial, autonomía cognitiva y exclusión epistémica en comunidades racializadas. Es creadora de AfroféminasGPT, el GPT Socrático de Afroféminas, el GPT contra delitos de odio y Habla con Afroféminas.

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