Amazofuturismo

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Amazofuturismo

Breve radiografía sobre las utopías en el bosque tropical

Por Aliza Yanes

Desde que se acuñó el término en 2019 para designar una corriente de las artes visuales originada en Brasil, el concepto de amazofuturismo se ha consolidado en ese país como subgénero de la literatura de ciencia ficción y plantea interesantes interrogantes: cómo se concibe estéticamente el futuro de esta región y quién es (sí, aún en el siglo XXI) el “verdadero” sujeto amazónico.

Ya lo dijo Márcio Souza: la Amazonía —desde aquel primer viaje involuntario en 1542 en el que Francisco de Orellana y su maltrecha tripulación avistaran por primera (y única) vez a fieras guerreras, bautizadas por ellos amazonas— es una región que parece estar en permanente estado de “descubrimiento”1. Como todo es una cuestión de perspectiva, dependiendo desde dónde se le mire, la Amazonía puede configurar una serie de imaginarios recurrentes y favoritos. Desde Europa, por ejemplo, o mejor dicho desde Berlín, que es donde yo vivo, les gusta asociarla principal (y casi únicamente) a la naturaleza, a los problemas medioambientales y las luchas indígenas por preservar el territorio. 

No cabe duda de que vivimos en la era de los avances tecnológicos, la inteligencia artificial y los cambios constantes en la forma en que habitamos e imaginamos el mundo. En mayo del 2019 el artista visual João Queiroz posteó en su cuenta de Instagram (@q1r0z) una ilustración digital con un escenario hasta entonces nunca visto. En ella se observa a un sonriente joven de rasgos indígenas con un tocado de plumas en la cabeza, un monito en el hombro y un brazo robótico en un paisaje en el que naturaleza y visión futurista combinan armoniosamente. Atrás de él una chica indígena mira directamente, desafiante, a quien observa la imagen. El paisaje es una mezcla de puentes y construcciones futuristas fusionadas con árboles y lianas. Se observa también en perspectiva a un hombre sobre una canoa y al fondo a mucha gente junta. Una colectividad. 

‘Amazofuturismo’, ilustración de João Queiroz

Con esta ilustración inauguraba Queiroz el amazofuturismo, subgénero de la ciencia ficción en las artes plásticas, la literatura y el cine que combina elementos de las culturas indígenas amazónicas con una visión cercana al solarpunk, al tratarse de una representación positiva de la simbiosis entre culturas ancestrales amazónicas y tecnología.

En la búsqueda de un arte de aquí

Relata Queiroz:

El objetivo era dar un aire más de aquí, de Pindorama para la ciencia ficción; más específicamente, para el cyberpunk. En esa época, la temática de mi arte era tan confusa como mi identidad. Así como usted, lectora o lector, yo soy de aquí. De este Brasil. Sin embargo, mi mente estaba en otra parte. Por eso, mi arte también se había vuelto extranjero. Ya no conocía el olor de la tierra negra, de la harina, del urucum. Ya no conocía el color de piel de nuestra gente. Mi pincel llevaba más pintura blanca que marrón. Por eso, creé un sencillo retrato de tres cuartos de una chica con rasgos indígenas y elementos robóticos. Por pura curiosidad e impulso. Poco después, descubrí el solarpunk, un movimiento que busca imaginar un futuro sostenible para la humanidad. Las ideas se unieron. Y así nació el amazofuturismo2.

Observamos que su principal preocupación como artista era darle a su arte un aire “de aquí”, de “este Brasil”. En ese contexto llama la atención el uso del término Pindorama, palabra de origen tupí —también presente en el guaraní— que puede traducirse como “tierra de palmeras” o “tierra buena para plantar”, y que habría sido utilizada por pueblos indígenas antes de la invasión y colonización europeas para nombrar el territorio que hoy conocemos como Brasil. Este último nombre, impuesto por los colonizadores, está marcado por una historia de extractivismo, ya que proviene del pau-brasil, la madera que la región exportaba principalmente durante su primera etapa como colonia.

Pindorama es un término que fue bastante utilizado por los artistas miembros del Movimiento antropofágico, la corriente artística más importante del modernismo brasileño –como se conoce a la vanguardia de ese país–. El poeta Oswald de Andrade ya había adelantado algunos de los puntos más relevantes del Movimiento antropofágico en su manifiesto Pau Brasil de 1924, pero fue en 1928 cuando, a partir de la pintura Abaporu de su esposa Tarsila do Amaral, terminó de delimitar la definición y los alcances del movimiento antropofágico en su conocido Manifiesto Antropófago. Se trataba entonces de encontrar la verdadera identidad artística brasileña, siendo la tesis dominante de de Andrade que la historia de Brasil es una historia de “canibalización cultural”, en la que elige al sujeto indígena –y juega metafóricamente con la antropofagia de la que se les acusaba a los pueblos nativos, como por ejemplo a los tupinambás– como la figura central de resistencia anti-hegemónica contra la imposición artística europea. “Tupi or not tupi, that is the question", preguntaba provocadoramente de Andrade. 

En Abaporu, la famosa pintura de Tarsila do Amaral que inspiró el movimiento antropofágico, se observa una figura humana con un pie gigante y una cabeza chiquitita, acompañada de un cactus y un sol brillante, que recuerda los grabados del siglo XVI sobre las fantásticas criaturas que supuestamente habitaban el “nuevo continente”.

   

Abaporu, óleo sobre lienzo (1928) Tarsila do Amaral. Fuente: Wikipedia

Cuenta la leyenda que Oswald de Andrade se reconoció brasileño en un balcón parisino y que desde entonces quiso definir la verdadera identidad de Brasil: una identidad construida desde la mezcla, la apropiación y la transformación en donde la historia y el imaginario indígena tenían el rol protagónico. Ahora, casi cien años después, es nuevamente la necesidad de encontrar una voz con “identidad propia”, más cercana al “verdadero Brasil”,  la que impulsó al artista visual João Queiroz a crear el movimiento amazofuturista. De Queiroz sabemos que nació en Rondonia, provincia de la cuenca occidental amazónica del Brasil, y que migró de niño al sur de ese país. Se autodenomina “indígena sin pueblo” y asegura no tener la pretensión de proyectar el futuro, sino que más bien su obra es una ciencia ficción que habla del presente

Cuestión de definiciones y/o definiciones en cuestión

El amazofuturismo, el nuevo subgénero influenciado por el solarpunk —otro subgénero de la ciencia ficción que trata sobre futuros optimistas basados en energías limpias— ubicado en el bosque tropical más grande y diverso del mundo no ha pasado desapercibido para la crítica. En 2020 Vítor Castelões Gama y Marcelo Velloso Garcia publican “Amazofuturism and Indigenous Futurism in Brazilian Science Fiction”, artículo que dentro de la ciencia ficción producida en Brasil, diferencia dos géneros que están asociados a la región amazónica. Según los autores, mientras que el amazofuturismo es un subgénero de la ciencia ficción en donde la Amazonía y sus pueblos indígenas están representados de una manera positiva y en armonía con la tecnología futurista y la naturaleza, el futurismo indígena se enfoca en visiones de mundos indígenas sobre el futuro —y al hacerlo desafía construcciones colonialistas—y está, idealmente, escrito por propias personas indígenas. Se entiende entonces que el amazofuturismo, por el contrario, no tiene que ser escrito necesariamente por indígenas. 

El artículo es bastante completo y analiza tanto imágenes como textos creados por artistas indígenas contemporáneos. Un importante acápite del artículo es el que habla sobre la producción literaria contemporánea en Brasil. Daniel Munduruku, uno de los más conocidos y destacados representantes de la literatura indígena en ese país, sostiene que actualmente hay en Brasil 40 escritores indígenas entre hombres y mujeres, de pueblos variados y que cultivan a su vez lo más heterogéneos géneros literarios. 

Pero es en el artículo “De onde vem e para onde vai o amazofuturismo?” del año 2021 donde el autor Vítor Castelões Gama se enfoca con más detenimiento en ese término. Considera que la definición hasta el momento más completa y por lo tanto más utilizada es la de Rogério Pietro, destacado y prolífico escritor de ciencia ficción brasileña que en 2020 publicó la primera obra del género, titulada justamente Amazofuturismo. Es parte de una serie que incluye las novelas Amazofuturismo 1, Amazofuturismo 2 Primavera ancestral y Amazofuturismo 3 Poder nativo, además de Guerreiras amazonas y Amazonia viva

Asimismo, Pietro publicó un manifiesto en el que desarrolla los principios del amazofuturismo. Asegura que en ese subgénero la estética es un modo de conocimiento y que en la naturaleza amazónica, como promulgan sus pueblos indígenas, todas las vidas importan. De ahí que en el amazofuturismo el uso de energías puras y renovables esté enfocado a eso. El autor indica que no se trata de hacerle un homenaje a los pueblos indígenas, sino más bien de que las personas no-indígenas aprendan a oír. Para que una obra literaria sea considerada amazofuturista —según Pietro— debe cumplir con los siguientes cinco pilares: 1) La historia tiene que tratar sobre pueblos indígenas (reales o de ficción) pertenecientes a la Amazonía. 2) La tecnología de los pueblos indígenas en la obra debe ser innovadora y única. 3) Los avances tecnológicos deben estar en armonía con el medio ambiente. 4) La historia tiene que ser contada desde el punto de vista de los personajes indígenas y no desde exploradores o científicos. 5) El amazofuturismo no es sobre personas, es sobre vida. 

Para Castelões Gama, nacido en Manaos, esta definición tiene algunos problemas: por un lado considera exotista la visión de los “mundos perdidos” y por otro observa que dicha definición limita la complejidad histórica, cultural y ambiental de la región3. Los pilares de Pietro parecerían sugerir que la única naturaleza amazónica es la floresta de tierras altas y que el único sujeto amazónico fuesen los pueblos indígenas que la habitan. ¿Dónde quedan, entonces, —se pregunta Castelões Gama— las áreas urbanas, los “labrados” y la vegetación de la zona de tierra baja? ¿Y qué pasa con los puntos de vista de los caboclos, quilombolas, o de la comunidad islámica, japonesa y judía presentes en la Amazonía brasileña?

¿Cuestión de modas? 

En los últimos años, en el circuito del arte internacional los artistas indígenas amazónicos han recibido mayor atención y se les han abierto espacios antes inaccesibles. En el caso de Perú, la exposición que marcó un hito histórico fue “El ojo verde: cosmovisiones amazónicas”, curada por Gredna Landolt y presentada en la Sala de Arte de la Fundación Telefónica en el año 2000, donde por primera vez en el país se presentaron piezas y pinturas indígenas amazónicas como objetos de arte contemporáneo. Hoy, más de veinte años después, los artistas indígenas amazónicos exponen en diferentes partes del mundo. El pasado 2025, solo en España y en paralelo a la feria de arte Arco Madrid, que llevó como título “Wametisé: ideas para un amazofuturismo” y estuvo curada por Denilson Baniwa, artista del pueblo baniwa del Alto Río Negro y María Wills, hubo cinco exposiciones de arte amazónico. Entre ellas estaban “Amazonías: el futuro ancestral” en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y en Madrid “Amazonía Contemporánea. Colección Hochschild Correa”, comisariada por Christian Bendayán y Luis Pérez Oramas en el Museo Lázaro Galdiano. 

El amazofuturismo de Arco Madrid 2025 no es el mismo que el de João Queiroz o el de Rogerio Pietro. En este caso, el término es usado como un concepto que parte de la imagen mítica de la gran serpiente creadora que aparece en Wametisé, tradición oral de la región del Alto Río Negro. En palabras de Baniwa, citado por Mayté Valencia en Amazofu(turism) en Madrid4, la agencia de los pueblos indígenas amazónicos en el arte contemporáneo consiste en sumar con nuevos términos y vocabularios en nociones “donde arte, naturaleza, espiritualidad y comunidad están imbricados”. 

La temática del amazofuturismo para Arco Madrid 2025 fue bastante comentada, recibiendo principalmente cuestionamientos o críticas sobre si la Amazonía y sus representaciones son usadas como moda o si su incorporación responde a un interés y compromiso genuinos. La propia Valencia se pregunta cómo lograr que la presencia del arte amazónico indígena en espacios como Arco no sólo sea una moda exotizante, si no que se concreten cambios reales en la protección de comunidades y territorios indígenas. Ello tendría que ir más allá de las posibilidades de representación, circulación y de las oportunidades laborales y/o comerciales que se consigan para los artistas indígenas de las exposiciones. Respecto a Arco Madrid 2025, Valencia es enfática en afirmar que “tanto el programa de conversaciones como la exposición habrían tenido mucho mayor alcance fuera de IFEMA. En el enorme recinto, Wametisé se percibía como un pastiche incrustado en un ámbito que contradecía todos los discursos de las piezas, y parecía condenarlas a una estética folclórica y atemporal”5. Arco es, efectivamente, una feria, un espacio concebido para ser consumido en una absoluta e incuestionable expresión capitalista donde vender es lo más importante. 

Cuestión de perspectiva y/o perspectivas en acción

La Amazonía es una zona única en el mundo y la supervivencia de sus áreas naturales es clave para la sobrevivencia del planeta entero. Sí. También es una zona que produce conocimiento desde hace milenios. El conocimiento indígena, en primer lugar, el acervo cultural que le permitió a las poblaciones nativas cultivar plantas como la yuca, base de la dieta amazónica, y poder habitar un espacio donde la naturaleza está en permanente movimiento. Con la invasión y colonización europeas se destruyeron dinámicas ancestrales y se empezaron a escribir textos y a construir narrativas que siempre desde una mirada foránea llena de prejuicios intentaron definir a la región y a su gente. Pero ya en el siglo XX esas narrativas coloniales empezaron a ser cuestionadas, desmembradas, deconstruidas. Y en la actualidad son múltiples las voces que desde la Amazonía en el ámbito académico, artístico y activista se expresan para reflexionar y contar su propia visión de la Historia, esa con mayúscula que hasta ahora tiene intacto el gusto de querer perpetuar una representación atemporal de los pueblos indígenas. 

En esa línea se posicionó la exposición “El futuro es indígena. Visiones y luchas de la Amazonía”, que se llevó a cabo entre octubre del 2025 y marzo del 2026 en el museo Rautenstrauch-Joest de Colonia, Alemania. La muestra, curada por Alfredo Villar, se concibió como una respuesta crítica a la exhibición fotográfica “Amazônia” de Sebastião Salgado, que se daba paralelamente en ese museo, y la cual fue criticada por presentar una visión estática y atemporal de los pueblos indígenas amazónicos brasileños. En palabras de Villar, el objetivo fue mostrar “en vez de la Amazonía virgen del pasado, la de su presente urbanizado; en vez de pueblos indígenas no contactados, aquellos que han hibridizado y creado sus propias modernidades; en vez de la visión en blanco y negro del gran artista internacional, la multicolor de los propios fotógrafos indígenas”. Cabe resaltar que “El futuro es indígena” desplegó en su espacio expositivo más amplio la obra de la reconocida artista shipibo-konibo Olinda Silvano, la cual llevó como título Nii Kené (Bosque de diseños). 

Volviendo al amazofuturismo, tanto en el subgénero de la ciencia ficción que hemos presentado como en el concepto que parte de Wametisé, el sujeto indígena es el protagonista. La obra de João Queiroz me parece muy interesante y su búsqueda artística e identitaria totalmente válida. No se trata además del único artista visual que trabaja en el género, ya que Vítor Castelões Gama y Marcelo Velloso Garcia en el artículo que comentamos analizan una serie de imágenes de artistas jóvenes y con mucho talento. Sin duda, la imaginería amazofuturista desvela universos enteros: ecos referenciales, nexos invisibles y horizontes ficticios por trazar. Sobre las novelas de Rogerio Pietro no puedo comentar porque no las he leído, recién he conocido su obra cuando me puse a investigar sobre amazofuturismo. Sí coincido con Castelões Gama en que la definición de amazofuturismo de Pietro es arbitraria al proponer representar únicamente a pueblos indígenas, sean estos verdaderos o ficcionales. 

La Amazonía es indígena y el genocidio y ecocidio que empezó en la región en el siglo XVI no ha tenido pausa y mata la tierra, las aguas, la vida silvestre y las vidas de las poblaciones originarias y de todo aquel que se proponga defenderla: ejemplos de activistas asesinados hay muchísimos. Y también la Amazonía no es solo indígena, no es solo río y bosque tropical. Me pregunto entonces si, para dejar de estar “descubriendo” la Amazonía constantemente, como dice Márcio Souza, no valdría la pena dejar de querer verla y representarla solo como el espacio de la naturaleza y de las poblaciones indígenas, y más bien conocerla en su realidad real, redundando adrede, en su mezcla y complejidad, en su heterogeneidad y multiplicidad de voces. Voces que hablan muy alto. 


Notas

  1. La idea de la Amazonía como una región en permanente estado de "descubrimiento" proviene de Amazônia indígena, de Márcio Souza (Rio de Janeiro: Record, 2015), p. 41. [Así estaba la nota al pie “Souza, Márcio. Amazônia indígena. Rio de Janeiro: Record, 2015, p. 41.”] 
  2. La cita es reproducida por Vítor Castelões Gama en De onde vem e para onde vai o amazofuturismo?. La traducción del portugués y las cursivas son de la autora. 
  3. Vítor Castelões Gama, De onde vem e para onde vai o amazofuturismo?, p. 23. [Así estaba en la nota al pie “Castelões Gama Op.cit. p. 23”]
  4. Valencia, Mayté. Amazofu(turism) en Madrid. Artishock Revista, 25 de marzo de 2025. 
  5. La cita pertenece a Mayté Valencia, Amazofu(turism) en Madrid

Imagen de portada: Amazofuturismo charapa por Aliza Yanes

Sobre Aliza

Aliza Yanes es limeña y vive en Berlín desde hace diez años. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú y dos maestrías: Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos (FU Berlin) y Arte en Contexto (UdK Berlin). En su práctica artística combina escritura, mediación de arte, video y performance. Trabaja desarrollando proyectos artísticos participativos para colegios y grupos de jóvenes con contenidos sociales y políticos que conectan el pasado con el presente. Su fuerte es hacer accesibles los temas académicos de literatura e historia colonial para el público en general. Se enfoca en investigar discursos del siglo XVI y las narrativas en torno a las fabulosas criaturas del llamado «Nuevo Mundo».