Cartografías del Desvío

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Cartografías del Desvío

¿Qué implica imaginar desde los márgenes? Cartografías del Desvío es un formato de entrevistas breves pero significativas, que buscan balancear profundidad crítica con humanidad, siempre desde una mirada situada en el Sur y para el Sur.

Mientras muchos imaginan el futuro mirando hacia adelante, la artista peruana Chonon Bensho, lo hace mirando hacia atrás. En su obra, los sueños, los diseños ancestrales, el bosque y las enseñanzas de sus abuelos no pertenecen al pasado: son herramientas para pensar el porvenir.

Lejos de oponer tradición y tecnología, esta conversación propone entenderlas como partes de un mismo tejido. En él, memoria, educación, naturaleza y creación artística se entrelazan para recordarnos que ningún futuro puede construirse sin cuidar aquello que nos sostiene.

¿Qué historias, personas o territorios marcaron tu mirada sobre el futuro?

Lo que yo hago con mi trabajo parte de la admiración por mis ancestros y lo que tienen por transmitirme. Quería entender cómo vivían, cómo trabajaban, cómo lograban convivir con su familia y con el mundo que les tocó habitar. Todo cambia constantemente, pero siempre tenemos que encontrar la manera de adaptarnos sin dejar de entender quiénes somos.

Aunque crecí hablando shipibo, sentía que todavía conocía muy poco. Cuando terminé mi carrera, me di cuenta de que, frente a mis tíos y mis tías, seguía siendo muy ignorante. Quise aprender cómo trabajaban, cómo entendían el mundo, cómo hablaban entre ellos. Ahí empezó realmente mi trabajo.

Mi abuela era del Bajo Ucayali, otras mujeres de mi familia eran del Alto y del Medio Ucayali. Cada una desarrollaba los mismos diseños de maneras distintas. Algunas hacían cerámica, otras tejían kushmas; cada una tenía su propia forma de nombrar los diseños. Un mismo diseño podía recibir nombres diferentes según la comunidad, pero seguía siendo el mismo. Comprender esas diferencias y, al mismo tiempo, esa unidad fue muy importante para mí.

Hoy sigo aprendiendo. Todo ese conocimiento me hace pensar que, incluso en medio de un mundo lleno de dificultades, todavía tenemos muchas cosas hermosas que conservar y transmitir. Mi mayor interés es llevar ese legado al presente y al futuro; encontrar formas de incorporarlo a la educación y a nuestra manera de vivir.

Chonon Bensho (derecha), durante la entrevista con Sandra Arellano (izquierda).

¿Cómo entiendes el papel de la tecnología en tu comunidad?

La tecnología ya está aquí y no podemos actuar como si no existiera. El problema no es la tecnología, sino cómo aprendemos a usarla.

Cuando el Estado entregó laptops y tablets en las comunidades, muchos profesores no sabían utilizarlas y los niños terminaron usándolas de maneras que nadie esperaba. Ahí entendí que el verdadero reto está en la educación. Necesitamos docentes preparados para acompañar a los niños y enseñarles a aprovechar esas herramientas.

La tecnología puede ayudarnos muchísimo. Podemos aprender de personas que están lejos, comunicarnos mejor y fortalecer nuestra educación. También puede servir para revitalizar nuestra lengua. Nuestra cultura es profundamente visual. Si hacemos un video y grabamos a una planta y a una persona mayor que explica en shipibo para qué sirve, los niños van a comprender mucho mejor que leyendo únicamente un texto escrito. El aprendizaje ocurre viendo, escuchando y dialogando.

Por eso, pienso que no debemos separar tecnología y cultura. La tecnología también puede ayudarnos a fortalecer nuestra identidad y transmitir nuestro conocimiento a las nuevas generaciones.

Arte por Chonon Bensho

¿Buscas responder a algo con tu trabajo artístico?

Para mí, el arte es libertad. Es poder crear sin que nadie me diga qué tengo que hacer.

Mi trabajo nace de los diseños ancestrales, pero esos diseños hablan de muchas cosas: del equilibrio, del medio ambiente, de la música, del diálogo, de la relación entre todos los seres. Todo está conectado.

Una de las cosas que más me preocupa es que muchas personas hablan de “los shipibos” como si todos pensáramos de igual manera. No existe una sola manera de pensar. Yo no pienso igual que otros artistas ni que quienes viven en las ciudades o trabajan en organizaciones indígenas. Crecí y sigo viviendo en una comunidad; mi experiencia es distinta y mi trabajo también.

El medio ambiente no es para mí un tema de moda. Es la forma en que vivo. Con mi familia cuidamos un jardín botánico que comenzó mi abuelo y continuó mi madre. Allí llevamos a los niños para que conozcan las plantas y aprendan de las personas mayores qué significa cada una y para qué sirve. Mantener ese espacio exige mucho trabajo, pero lo hacemos porque nace del corazón.

Al principio pensaba que mi trabajo hablaba principalmente para el pueblo shipibo. Con el tiempo comprendí que también podía dialogar con personas de otras culturas. Cuando alguien observa una de mis pinturas y recuerda a sus propios abuelos o siente que vuelve a conectarse con su historia, siento que el trabajo ya cumplió su propósito.

Mis sueños también forman parte de mi obra. Muchas veces sueño con mis abuelos y trato de llevar esas enseñanzas al bordado y a la pintura. Nunca será exactamente lo que ellos me dijeron, pero es mi forma de mantener viva esa conversación. 

Arte por Chonon Bensho

¿Cuál crees que es el mayor malentendido de la humanidad?

Creo que nos hemos desconectado de nuestras raíces. En Perú, todos provenimos de pueblos originarios de una u otra manera, pero nos hemos ido desvinculando de nuestras culturas y, con ello, también de nuestra humildad.

En lugar de rescatar lo mejor que heredamos de nuestros mayores, muchas veces terminamos reproduciendo lo peor. Veo mucho desprecio entre nosotros mismos, mucho resentimiento y muy poca capacidad de escucharnos. Si alguien piensa distinto, enseguida aparecen el ataque o la crítica, pero casi nunca una explicación de por qué no estamos de acuerdo.

Yo puedo tener una idea y otra persona otra distinta. Podemos conversar, escucharnos y, si no coincidimos, seguir caminos diferentes. Lo importante es que exista un diálogo. Lo que me preocupa es que cada vez discutimos más y nos escuchamos menos.

Pienso que esto tiene mucho que ver con la educación. Hemos aprendido a responder antes que a comprender. Si lográramos volver a conectarnos con nuestras raíces y recuperar esa capacidad de diálogo, podríamos construir una convivencia mucho más sana.

Arte por Chonon Bensho.

¿Qué conversaciones siguen faltando en los espacios donde se toman las decisiones?

A veces pensamos que el cambio depende únicamente de quienes tienen poder, pero yo creo que también depende de nuestra capacidad para actuar colectivamente. En mi comunidad, cuando una persona asume una responsabilidad, la idea es que los demás acompañemos ese trabajo. Si un proyecto beneficia a todos, no debería abandonarse simplemente porque cambió la autoridad.

Sin embargo, veo que ocurre lo contrario. Muchas veces cada persona quiere empezar de nuevo para que todo lleve su nombre. Al final nadie continúa el trabajo anterior y el verdadero perjudicado termina siendo el conjunto de la comunidad.

A nivel país ocurre algo parecido. Nunca he sentido que los gobiernos hayan entendido realmente la vida en las comunidades indígenas. Se acercan durante las campañas, prometen muchas cosas y luego desaparecen.

Hay problemas muy graves de los que casi no se habla: la violencia contra las mujeres y los niños, las violaciones cometidas incluso por profesores, la falta de protección para las víctimas, la minería ilegal, el narcotráfico, la ausencia del Estado en las comunidades más alejadas. Son situaciones que veo muy de cerca y que me indignan profundamente.

A veces la gente piensa que el arte está separado de estos problemas, pero para mí no es así. Todo esto también forma parte de mi trabajo, porque es la realidad en la que vivimos.

Arte por Chonon Bensho

¿Cómo imaginas el verdadero progreso?

Claro que queremos progreso. Pero un progreso sano.

Muchas veces se piensa que progresar significa construir más carreteras, más cemento o extraer más recursos. Yo no lo veo así. Podemos avanzar tecnológicamente y, al mismo tiempo, respetar el bosque, el agua, los árboles y todos los seres con los que convivimos.

No somos ajenos a la naturaleza. Vivimos gracias al agua, al aire, a los ríos y a los árboles. Mi madre y mi abuela decían que los árboles también nos protegen. Cuando desaparecen, desaparece con ellos una parte de nuestra propia vida.

Cuando pinto árboles o hablo del agua no estoy hablando solamente del paisaje. Estoy hablando de memoria, de equilibrio y de respeto. Pienso que el verdadero progreso debería enseñarnos justamente eso: cómo vivir mejor sin destruir aquello que hace posible nuestra existencia.

Nuestra generación todavía puede elegir otro camino. Podemos tener tecnología, ciudades y desarrollo, pero sin perder la conexión con la naturaleza ni con nuestro propio espíritu.

¿Qué riesgos estás dispuesta a asumir como artista?

Creo que siempre hay que arriesgarse. Si uno no dice lo que piensa, ¿para qué está en este mundo?

He recibido críticas buenas y malas. Las escucho todas, porque también me hacen pensar. Pero no vivo pendiente de la opinión de los demás. Respeto que cada persona piense diferente; yo también sé cómo quiero vivir.

Lo más importante para mí es sentirme libre. Vivo de mi trabajo y me siento tranquila con las decisiones que tomo. Cuando estoy pintando, entro en un mundo distinto, un espacio donde puedo pensar con libertad. Después vuelvo al mundo cotidiano, con todos sus conflictos y dificultades, pero ese lugar interior siempre sigue estando ahí. Creo que esa libertad es lo que más intento cuidar en mi trabajo y en mi vida.

¿Qué obras o artistas han transformado te han dado una nueva perspectiva?

Al principio, pensaba que para hacer arte tenía que mirar solamente mi propia cultura. Después entendí que conocer otras experiencias no significa perder la identidad, sino ampliar la mirada.

Cuando vi por primera vez las obras de Frida Kahlo, me impresionó la manera en que hablaba de sí misma y de su historia. También me interesó conocer el arte japonés, especialmente el bordado sashiko. Me hizo pensar que, aunque vivimos muy lejos unos de otros, muchas culturas han desarrollado formas parecidas de relacionarse con los textiles, la naturaleza y la memoria.

También aprendí mucho estudiando a artistas como Kandinsky o Picasso. No para imitarlos, sino para comprender cómo cada uno encontró un lenguaje propio. Eso me ayudó a reafirmar que yo también debía construir el mío desde mi propia experiencia.

Conocer otras culturas no me alejó de la mía; al contrario, me permitió valorar aún más lo que había recibido de mis abuelos y comprender que todas las culturas tienen algo que enseñarnos si nos acercamos a ellas con respeto.

Una idea que estás dejando atrás

Antes pensaba que mi trabajo hablaba únicamente para el pueblo shipibo. Con los años, comprendí que las preocupaciones que aparecen en mis obras también pertenecen a muchas otras personas.

Cuando alguien me dice que una pintura le hizo recordar a su abuelo, a su madre o a un lugar importante de su infancia, entiendo que la memoria no pertenece solamente a una cultura. Todos necesitamos sentirnos conectados con quienes estuvieron antes que nosotros.

"También cambié mi manera de entender el futuro. Antes pensaba más en preservar la tradición; ahora creo que el verdadero reto es encontrar formas de mantenerla viva mientras seguimos cambiando. La cultura nunca ha sido algo inmóvil. Nuestros propios antepasados supieron adaptarse constantemente sin dejar de ser quienes eran. Nosotros también tenemos que hacerlo".

Por eso ya no pienso que mi trabajo pertenezca solamente a un pueblo. Aspiro a que pueda dialogar con cualquier persona que esté buscando comprender mejor su propia historia.

¿Qué te sostienen cuando todo tiembla?

Mi familia. Mi esposo siempre ha estado conmigo y ha creído en mi trabajo, incluso cuando las cosas han sido difíciles. También mis hijos y las personas que me acompañan todos los días.

En el mundo del arte también existen momentos complicados. He trabajado con personas que prometían muchas cosas y después, no cumplieron. Son experiencias que duelen, pero también enseñan. Aprendí que uno tiene que confiar en su propio trabajo y no depender completamente de lo que otros prometan.

Cuando las dificultades aparecen, vuelvo a pintar. Ahí encuentro nuevamente tranquilidad. Pintar me permite ordenar mis pensamientos, recordar a mis abuelos y sentir que sigo caminando junto a ellos.

Creo que eso es lo que más me sostiene: saber que el trabajo que hago nace de una historia mucho más grande que yo y que, mientras pueda seguir creando, esa historia también seguirá viva.

Si pudieras plantar una idea para quienes imaginan el futuro desde otros lugares del mundo, ¿cuál sería?

No tengamos miedo de aprender unos de otros. Cada pueblo tiene conocimientos valiosos. Ninguna cultura posee todas las respuestas y ninguna debería sentirse superior a las demás. Podemos avanzar mucho si aprendemos a dialogar, a escuchar y a respetar las distintas maneras de entender el mundo.

Yo no creo que exista una única forma de vivir ni una única manera de construir el futuro. Lo importante es no perder nuestra humanidad en ese camino.

Ojalá podamos volver a mirar la naturaleza como parte de nosotros mismos y no solamente como un recurso. Ojalá podamos educar mejor a nuestros niños y enseñarles a valorar tanto la tecnología como la memoria de sus mayores.

Si logramos mantener ese equilibrio, creo que todavía tenemos un futuro muy hermoso por delante.


Imágenes: arte por Chonon Bensho, retrato de Chonon Bensho por Adrián Portugal.

Sobre Chonon

Chonon Bensho (Pucallpa, 1992) es una artista multimedia y poeta Shipibo-Konibo que revitaliza el Kené, tradición ancestral de patrones abstractos inspirados en visiones de plantas enteógenas como la ayahuasca, con poderes de sanación y transmitida tradicionalmente de madre a hija. Formada tanto en la cosmología indígena como en Bellas Artes (egresada en 2018), Bensho crea grandes lienzos bordados que expresan la coexistencia armónica entre humanos y el entorno amazónico, representando seres mitológicos, animales y plantas como metáfora de la inseparabilidad de todos los seres vivos. En 2022 fue la primera mujer indígena en ganar el Premio de Pintura del Banco de Reserva del Perú, y su obra ha sido exhibida en la Alianza Française de Lima y en Basilea, Suiza, además de formar parte de las colecciones del MASP y el MALI.

Conoce más sobre su trabajo