Viejos mitos, nuevas amenazas
Por Javier Wong Q.
En “La Odisea”, la última película de Christopher Nolan, Ulises retorna a Ítaca marcado por la culpa y el miedo. Gracias a su ingenio —ocultarse junto a su ejército dentro de un gigantesco caballo de madera— Troya fue destruida. De vuelta en su ciudad natal, habla con su esposa, Penélope, cubierto con una túnica, haciéndose pasar por un mendigo. Más que una conversación, es una confesión. Dice haber roto las leyes de hospitalidad entre los hombres (las leyes de Zeus) y, debido a esto, haber hundido en la barbarie a su civilización. También afirma que esto se repetirá una y otra vez, desde su mundo hasta el nuestro. El mea culpa aligera sus pecados, y nos advierte: si usamos el ingenio para engañar a los hombres, amenazamos la existencia de la humanidad.
La adaptación del poema homérico —una historia de 2.800 años de antigüedad— resuena en nuestra época, una era marcada por la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y sus peligros apocalípticos. Esta herramienta , como ha dicho el papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas, podría convertirse en una nueva torre de Babel: un monumento construido con base en la ambición desmedida, cuyos intereses responden a un puñado de personas jugando a ser dioses.
Un solo lenguaje, una misma tecnología como escalera al cielo: eso propone la IA. Y sus cambios, acordes a nuestra era, ocurren con una violencia que sofoca y paraliza.
Esta tecnología se alimenta de creaciones humanas, utiliza datos y números (big data) para definir su percepción de lo real. A través de estas herramientas, analiza el comportamiento humano, uniformiza gustos y elimina la diversidad. Podemos ver sus efectos en cómo creamos y consumimos arte, o en la manera en que nos informamos.
En los medios de comunicación, por ejemplo, los cimientos hacen agua. La objetividad, el interés común e incluso la misma veracidad parecen rendirse ante el todopoderoso algoritmo. En esta edición, Mercedes Baltazar analiza la situación actual de los medios latinoamericanos, ensaya futuros posibles y señala a los jóvenes como agentes de cambio.
Y en épocas donde, al igual que en la Alemania nazi, la IA alimenta sus modelos de lenguaje con libros que luego destruye, Carlos Fuller analiza “El discurso vacío”, la fantástica novela del escritor uruguayo Mario Levrero, y rescata la escritura a mano como un ejercicio de libertad creativa. Indica, además, que la IA puede contar una buena historia, pero no puede jugar con las palabras como lo hacemos nosotros, las personas. Estas tecnologías no están hechas de carne y hueso, no se enferman, no ríen ni lloran, no sienten esperanza o miedo. Y, a veces, para darle sentido a estos asuntos humanos, aparece la literatura.
El nuevo orden tecnológico, como una telaraña, se despliega por el mundo y parece capturarlo todo. Otro lugar de resistencia y nuevas ideas es el género documental. En la sección Cartografías del Desvío conversamos sobre este y otros temas con Mara Gourd-Mercado, manager del sector cultural argentino-canadiense, con más de 20 años de experiencia en la industria del cine, televisión y medios digitales.
Verificar una información, escribir a mano, ver un documental. Detenerse un momento, dejar de scrollear y levantar la mirada hacia el mundo real. “Debemos aprender a ver las cosas bajo una luz nueva, porque la llama de la razón ya no alcanza a iluminar el complejo laberinto que va tomando forma”, escribe el escritor Benjamin Labatut en su ensayo “La Piedra de la Locura”. Tal vez el retorno a Ítaca de un Ulises pecador no sea el final de la historia. Es posible imaginar otros futuros, nuevas odiseas que sean el principio de un largo viaje.
Portada: Ilustración de Darko, vía Adobe Stock.
