ELECCIONES ALGORÍTMICAS

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ELECCIONES ALGORÍTMICAS

-Por Javier Wong Q.-

Las redes sociales son el medio de comunicación más utilizado en Latinoamérica para informarse sobre política. En la búsqueda de likes y visualizaciones, los peligros de narrativas falsas y engañosas se ciernen sobre los votantes. La emoción se viraliza, las métricas gobiernan y los algoritmos son el territorio minado  por donde caminan los electores. ¿Quién tiene el voto decisivo en esta arena digital? 

El voto que nadie emitió

En 1955, el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov inauguró una saga de relatos sobre Multivac, una enorme máquina que gestiona el destino de la humanidad recolectando grandes cantidades de información. En el primer cuento de la saga, “Sufragio Universal”, Multivac analiza los datos de una sociedad y elige solo a una persona para emitir el voto presidencial. Ese voto representa, en base a los análisis de esta supercomputadora, la voluntad colectiva de toda una nación. 

Los ecos del relato de Asimov retumban en los territorios del Sur Global, donde la aparición de las redes sociales tiene un profundo efecto sobre la vida política y electoral. En Latinoamérica, por ejemplo, estas tecnologías han cambiado la manera en que los ciudadanos se informan sobre política. Según una encuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de 2025, el 72% de los ciudadanos utiliza las redes sociales como principal mecanismo de información sobre asuntos políticos. A la hora de evaluar la veracidad de dicha información, los encuestados afirman tener en cuenta la “validación social” de la noticia, es decir, la cantidad de veces que ha sido compartida y el número de “me gusta” que posee en redes. En Perú, según un informe de 2026 del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el 45% de los peruanos recurre principalmente a las redes sociales para conocer propuestas, actividades e información durante una campaña electoral. Solo el 11% prefiere utilizar la televisión, radio o prensa escrita. En Chile, según el informe sobre el consumo de noticias de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, el 42,3% de los chilenos se informan mediante redes sociales. La televisión aparece relegada al tercer lugar (33,3%). Yendo a ejemplos concretos, se puede mencionar lo ocurrido en Colombia este año, donde la entrevista del streamer Westcol con el presidente Gustavo Petro tuvo una audiencia de un millón de personas conectadas en vivo en la plataforma Kick. En Perú, el streamer político Víctor Caballero, conocido como “Curwen”, se mantuvo al aire durante casi doce horas seguidas el día de las elecciones presidenciales y congresales de su país, con picos de 50.000 espectadores simultáneos en YouTube.  

La viralización se ha convertido en la métrica de éxito de las campañas políticas latinoamericanas. El “Faz o L” de la campaña presidencial de 2022 de Lula da Silva en Brasil, o “La casta tiene miedo” de la campaña presidencial de 2023 de Javier Milei en Argentina son ejemplos de contenidos que generan olas de reproducciones y vistas. Pero, así como el impacto es poderoso, también sus efectos adversos, cuyas consecuencias amenazan la ya precaria estabilidad democrática de la región. 

No es un error, es el diseño

¿Y qué ocurre durante una campaña política? El filósofo británico Bernard Williams, cuya obra sobre veracidad y libertad de expresión sigue siendo referencia central en ética política,   sostiene en su libro Truth and Truthfulness (2002) que la libertad de expresión no garantiza la veracidad del discurso público. Eso es, justamente, lo que ocurre en espacios digitales, donde informaciones falsas y medias verdades pueden ser difundidas estratégicamente, ya sea mediante cuentas personales o medios afines a una causa, para producir una narrativa falsa. Al final, el objetivo principal de las redes sociales no es brindar información real y comprobada, sino más bien priorizar un contenido que recibe interacciones y se viraliza, donde  la interacción emocional prima sobre la verdad verificable.  

El espacio electoral es territorio fértil para la aparición de estas narrativas falsas. Más aún en países latinoamericanos, donde la baja confianza hacia las instituciones se combina con escenarios polarizantes y fragmentados. A esto se suma  el “razonamiento motivado”, la tendencia psicológica documentada por la que las personas buscan y comparten información que confirma sus creencias previas, descartando evidencia contradictoria. El entorno digital es un caldo de cultivo para esto, donde no se trata de creer en los hechos, se trata de validar lo que quieres creer.   

Los casos de “fraude” electoral en la región son ejemplos claros. En 2021, en Perú, sectores vinculados al partido político que perdió la segunda vuelta presidencial impulsaron en Twitter y Facebook etiquetas como #FraudeEnMesa o #ComunismoEsFraude. Viralizaron videos de mesas electorales en zonas rurales “cuestionadas”, postearon imágenes de actas con “supuestas irregularidades”, ninguna comprobada por los organismos oficiales. En 2022, en Brasil, el partido perdedor de la segunda vuelta presidencial utilizó Whatsapp, Telegram y YouTube para afirmar que “las máquinas no eran auditables”. Utilizaban “expertos” que denunciaban sin pruebas la manipulación del voto popular. En Guatemala, en 2023, aparecieron vídeos de corta duración en redes sociales como Facebook o Tik Tok donde aseguraban que el sistema electoral había sido “capturado” con “irregularidades ocultas”. Los observadores internacionales no validaron ningún intento de fraude. 

Estas narrativas falsas promueven la polarización y el conflicto en un momento de alta tensión electoral. Y no solo eso. La promoción de estos contenidos puede llevar al surgimiento de posiciones radicales y extremistas, que aumentan el riesgo de la violencia política. Entre noviembre y diciembre de 2022, en Brasil, luego de que Lula le ganara las elecciones a Jair Bolsonaro, los simpatizantes de este último bloquearon carreteras en múltiples estados y pidieron al país desconocer el resultado electoral. El 8 de enero de 2023, una semana luego de la toma de posesión de Lula, miles de manifestantes asaltaron tres sedes públicas del gobierno brasileño: el Congreso, el Palacio de la Presidencia y el Supremo Tribunal Federal. Hubo más de 1000 detenidos, destrucción de bienes públicos y enfrentamientos con la policía. 

Las falsas afirmaciones que se dan en plataformas digitales tienen un impacto en nuestra sociedad. Calan en determinado público y no se encuentran penadas, ni reguladas. Los gobiernos aún no saben de qué manera combatir la desinformación electoral, cuya principal consecuencia es la pérdida gradual y sostenida de la confianza institucional. Además, en un mundo digital desbocado, que desconfigura y fragmenta la vida en sociedad, se suman intereses particulares que nada tienen que ver con el bienestar de los electores. 

Protestas en Brasil en contra de Jair Bolsonaro. Foto cortesía de Nathalia Segato.

El algoritmo tiene ideología

Una investigación de 2026, realizada por la revista científica Nature, llegó a la conclusión de que el algoritmo de la red social X (antes Twitter) tiende a amplificar contenido de orientación conservadora sobre información verificada. Se analizaron 4965 perfiles, con el objetivo de ver qué tipo de discursos amplificaba la plataforma. Tras siete semanas de análisis, los autores llegaron a la conclusión de que el algoritmo de la plataforma, de propiedad de Elon Musk, tiende a impulsar más contenido de derecha y fomenta que los usuarios sigan cuentas de una orientación conservadora. 

Otra investigación de 2025, realizada por la cadena británica de noticias Sky News, descubrió sesgos similares en el algoritmo de la misma red social. Analizaron las cuentas de nueve usuarios británicos: tres con una tendencia política hacia la izquierda, tres hacia la derecha y tres neutrales, sin interés en la política. Todas las cuentas fueron expuestas con mayor frecuencia a un contenido de derecha. Los usuarios de izquierda vieron en su feed un 55% de contenido de derecha. Por su lado, los usuarios de derecha vieron en su feed un 80% de contenido de derecha. Los usuarios de centro o neutrales vieron el doble de contenido de derecha (60%) que contenido de izquierda (30%). 

En su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura de 2025, traducido por el diario digital de noticias Infobae, el escritor húngaro László Krasznahorkai describió a Elon Musk y otros dueños de plataformas digitales como los “ángeles sin alas” cuyas estructuras insanas “organizan el espacio y el tiempo”. Estos nuevos ángeles no tienen ningún mensaje. “Ninguno en absoluto, están simplemente aquí entre nosotros con su ropa de calle sencilla, irreconocibles si así lo desean”. Asimov, hace más de 70 años, predijo la aparición de los algoritmos digitales que decidirían el futuro de la humanidad. Krasznahorkai, en estos tiempos contemporáneos convulsos e inciertos, dice que las mentes detrás de estos algoritmos son personas carentes de un mensaje. No por ello, sin embargo, son carentes de intereses e ideologías. Y en el mundo real, más aún en regiones como Latinoamérica, el susurro constante de estos ángeles sin alas tiene consecuencias directas sobre los procesos electorales. 


Imagen de portada cortesía de Zhuojun Yu.

Sobre Javier

Periodista y editor con más de 15 años de experiencia en prensa escrita y digital, así como en el desarrollo de proyectos editoriales. Su trabajo abarca temas sociales, culturales, deportivos y tecnológicos, con un interés en la transformación digital. Tiene un máster en Creación Literaria de la UPF-BSM. Ha escrito textos periodísticos para la revista H, AS y Cosas, así como publicaciones de ficción. También ha editado y producido artículos, podcasts y diversos contenidos, explorando los procesos editoriales y las posibilidades narrativas en distintos formatos. Hasta hace poco trabajó pensando estrategias de comunicación para radio, televisión y web. Es cocreador de DodoPress, una plataforma digital de lectura. Actualmente trabaja de manera independiente y reside en St. Louis, Missouri.