Cartografías del desvío
-Gonzalo Benavente Secco, desde el Sur-
¿Qué implica imaginar desde los márgenes? Cartografías del desvío es un formato de entrevistas breves pero significativas, que buscan balancear profundidad crítica con humanidad, desde una mirada situada en el Sur y para el Sur. En esta conversación con Gonzalo Benavente Secco, exploramos lo que significa crear cuando la tecnología promete automatizarlo todo, cuestionar las narrativas hegemónicas a través del cine, y trazar caminos difíciles para que otros puedan gozar de las mismas oportunidades de imaginar. Desde su lugar en el Sur —geográfico, simbólico y político—, Gonzalo nos invita a desarmar certezas, ensuciar el pensamiento y aceptar que la inteligencia humana, lejos de ser infalible, es nuestro terreno más fértil para la desobediencia creativa.
¿Qué historias, personas o territorios marcaron tu mirada sobre el futuro?
Todo lo que sé sobre la vida lo aprendí de las películas. También de series de televisión, libros y música. En ese sentido, las obras del pasado han sido para mí como mensajes en botellas que deambulan ocultas bajo la marea de lo cotidiano y que, cuando las descubres, te revelan nuevas maneras de mirar, tanto hacia adentro como hacia afuera. Pasa lo mismo con las películas que hago. Las considero mensajes cifrados con los que quizás alguien en el futuro logre conectar de manera sensible para sí, de modo que el ciclo continúe. Ahora, reconozco que exagero cuando digo que absolutamente todo lo que soy lo aprendí de las películas (por lo que no tomen muy en serio nada de lo que diga), pues uno es también el resultado de las variables particulares que se suceden durante el transcurso de nuestra propia existencia (en su mayor parte, compuesta por acontecimientos aleatorios; y en la menor, aunque de manera más significativa, por nuestras propias decisiones), por lo que también quedé marcado por las cosas buenas, malas y neutras que me pasaron y por lo que hice a partir de ellas. Al final, todxs somos una acumulación inédita de sucesos inesperados y eso es justamente lo que termina por delinear nuestras propias historias. Lo que hacemos es elegir algunos de los puntos que vamos acumulando conforme nos movemos en el tiempo y trazamos con ellos algún tipo de mapa, formando figuras que en un inicio permanecen ocultas, incluso para nosotrxs. Bueno, y también el Perú, claro, donde las contradicciones de lo que somos desafían cualquier lógica cartesiana. En un país donde es fácil vivir y morir dentro de tu burbuja (y donde tener acceso a educación y no padecer anemia son privilegios), haber tenido la oportunidad de trabajar de manera constante en asentamientos humanos me ayudó a darme cuenta de que el mundo es más ancho y ajeno de lo que uno se podría imaginar.
¿Cómo entiendes el rol de tu industria y la innovación en los países del Sur Global?
En términos generales, el cine está por vivir un cambio que el arte no ha experimentado desde la invención de la cámara fotográfica. Me refiero al auge de la inteligencia artificial, que va a marcar, queramos o no, un antes y un después en la manera en que pensamos y desarrollamos las historias. Si alguna vez la pintura renunció a su carácter mimético en busca de nuevos horizontes (el impresionismo, por ejemplo, y de ahí todo lo que vino después), debido a que apareció una máquina que podía retratar lo que tenía en frente en muy poco tiempo, el cine va a tener que derivar hacia nuevas búsquedas, marcando una ruta que hoy mismo resulta incierta. En cuanto a cómo va a impactar esto en los países del denominado “sur global”, creo que va a ir en dos direcciones. Por un lado, la democratización en la creación de contenido (por herramientas de IA de más fácil acceso) va a permitir que un mayor número de comunidades puedan enunciar en primera persona, como sucedió con la aparición de la tecnología digital a fines del s.XX. Eso es muy positivo, sin duda, pues el requerimiento de inversión económica se reduce significativamente y amplía el espectro de quienes pueden decir cosas que se reproduzcan más allá de su círculo inmediato. Pero, por otro lado, las brechas entre la generación (en masa) de contenido audiovisual y el ejercicio de la creación artística corren el peligro de expandirse, en la medida en que el arte busque separarse de manera consciente del consumo por el consumo. En ese caso, la lectura (y el goce) del arte se restringirá a una suerte de élite cultural que conocerá los códigos para atravesar aquellos nuevos lenguajes que se van a generar. Así, el arte que se haga en los países del sur, podría correr el peligro de desconectarse aún más del gran público, que al mismo tiempo es el que, con su experiencia social diaria, define las características del contexto mismo en el que se elabora ese arte. En otras palabras, ¿qué rol van a tener lxs artistas que cuenten con el privilegio de entender y manejar los nuevos códigos de sentido que se generarán en los próximos años y que no necesariamente van a ser compartidos por una población general cuya capacidad de empoderamiento real a través de la educación es constantemente minada por las clases gobernantes y el mercado? ¿Vamos a hablar, desde el arte, de una realidad inmediata que no nos pertenece del todo para un público cada vez más reducido? ¿En qué queda la conexión con la realidad y el ideal de construir una comunidad cada vez más amplia e inclusiva?

¿Hay una pregunta que siempre estás intentando responder con tu trabajo?
Antes solía ser, hacia dónde vamos como sociedad en función de nuestro pasado, al menos en el Perú. Hoy en día (y en términos artísticos hay que recordar que lo que uno comienza a preguntarse recién acaba por plasmarse en algo concreto varios años después) diría que tiene más que ver con la experiencia humana de existir brevemente en un infinito que no parece tener mayor sentido, si no que unx tiene que inventar el suyo propio o adscribirse a los grandes relatos que (mal que bien) todavía persisten: la religión, el capitalismo, la competencia deportiva entre naciones, etc.
Creo que todo eso es válido también para quienes se vean representados en esas narrativas, pero me interesa más ir en busca del camino propio. No encontrarlo necesariamente, pues eso sería llegar al final de una ruta (si acaso algo así fuera posible), si no seguir explorando a ver qué nuevas geografías (físicas, mentales, políticas, sociales, espirituales, culturales…) descubres, acompañado siempre que se pueda de quienes hacen más feliz el poco tiempo que tenemos para recorrer esa ruta.
¿Cuál crees que es el mayor malentendido de la humanidad?
Desde lo existencial, que los seres humanos somos el centro del universo.
Desde la religión, que alguien nos ampara y nos perdona fácilmente si abusamos de los demás, a la vez que ese ser superior le delega sus facultades a unos cuantos elegidos que venden un plan de vida-postmuerte del que no hay sistema de comprobación ni mecanismos de reembolso posibles.
Desde la ciencia, que lo que no hemos aún validado desde Occidente probablemente sea un "engaña-muchachos" (aunque en muchos casos puede que lo sea también).
Desde la política, que hay modelos infalibles que ya han triunfado sobre otros y que deben conservarse sin mayor debate.
Desde la izquierda, que Marx y Lenin no marcan solo un inicio, sino un final irremediable que tampoco vale la pena problematizar.
Desde la derecha, que sus formas de operar en el mundo y la extinción de la humanidad por la catástrofe planetaria no van de la mano.
Desde el capitalismo, que el mercado se regula solo y que el pobre es pobre porque quiere y no porque la exclusión y la explotación son la base sobre la que se sustenta el modelo. También que la vida humana tiene valor solo en proporción a la cantidad del capital nuevo que se genera, y que nacer no es suficiente para merecer una vida digna. Excepto para las clases altas, claro, que ya vienen con capital bajo el brazo (no pregunten de dónde vino ese dinero en primer lugar) que hace intereses en los bancos y con ello garantizan su sitio.
Y por último, que el capitalismo es algo así como la gravedad.
¿Y la mayor conspiración?
Por el tiempo que llevan operando, creería que muchas religiones que ofrecen cosas sumamente improbables e imposibles de constatar como la existencia de vida consciente (tal y como la entendemos hoy) después de la muerte, y por tanto la validación de un sentido para ambos estados de la materia. Con esto no quiero criticar la fe de la gente, que lógicamente se ampara en algo que le pueda dar cierta seguridad en un mundo bastante cruel, pero creo que es el fenómeno frente al cual nos hemos hecho los tontos de manera colectiva por más tiempo, trasladando ese pensamiento mágico de generación en generación y operando desde los Estados/Naciones con eso en mente. Algunos no sé si se la creen realmente, intentan creérsela o saben a conciencia que se están sirviendo de esos relatos para mantener un sistema de explotación que les es conveniente.
Otra que viene de muy de atrás (y se relaciona con la primera), es que algunos grupos humanos puedan ser superiores a otros por derecho divino. Claramente es una mezcla de buscar posicionarse en beneficio propio, en combinación con el enorme potencial destructivo que tiene la estupidez humana, que finalmente actúa de contraparte a la gran teoría de la conspiración que nos ha acompañado desde que llegamos a este planeta (que es solo prestado): que la inteligencia del ser humano es, a la larga, infalible.
¿Qué conversaciones aún faltan en las mesas donde se toman decisiones?
La más urgente diría: cómo evitamos que miles de millones de personas mueran por la catástrofe climática que ya empezó y que de momento podemos obviar porque avanza en cámara lenta. Ese cambio de paradigma no va a suceder pronto, porque los afectados no van a ser los que se sientan en dichas mesas, quienes están más preocupados en cómo lucrar con la eventual reconstrucción del planeta (sea en el mundo físico o en el virtual) y en proteger mínimamente a los suyos. Más que cambiar los temas a debatir, urge reemplazar a los que se sientan en las mesas donde se toman las decisiones. El problema, sin embargo, que no hemos solucionado nunca como especie es cómo evitar que los nuevos interlocutores no se acomoden en sus recién adquiridos privilegios de poder y vuelvan a caer en los mismos vicios que tuvieron sus predecesores. Honestamente, no sé qué se podría hacer para que eso no suceda, pero sí me queda claro que los hombres blancos y cisgénero (o medianamente blancos en los países del sur, marrones claro para el resto del mundo) ya metimos la pata demasiadas veces como para que sea de una vez por todas el momento de darle la oportunidad a alguien más.
¿Cómo puede la práctica de tu profesión incomodar las estructuras de poder actuales?
Evidenciando los mecanismos que intentan invisibilizar estas estructuras que llevan siglos, si no milenios, operando. Todo sistema macro que se instaura en el poder lo hace desde la opresión de los derechos ajenos. Para que algunos (pocos) puedan triunfar, otros (que paradójicamente son la enorme mayoría) deben sacrificar sus vidas (laboral, social, bélicamente, etc.) para que el modelo en cuestión pueda prevalecer, silenciando también sus cuestionamientos. El arte, por naturaleza, es crítico a los discursos hegemónicos, en la medida en que plantea lecturas alternativas a lo que la gente asume como “lo normal”. Esto no solo aplica a los grandes relatos históricos, económicos o multinacionales, sino también a las pequeñas narrativas que operan en el orden de lo social y lo interpersonal, como las identidades de género, los roles a los que nos adscribimos, el amor romántico o lo que fuera. Todo es el resultado de una forma particular de conducirnos socialmente que se ha impuesto sobre otras alternativas y que, para seguir existiendo, debe limitar nuestro acceso al pensamiento crítico. Por eso todo arte es político. El que diga que no lo es, o no está haciendo arte o simplemente está alineado con el status quo y, de manera consciente o no, está contribuyendo a que se perpetúe.
¿Qué riesgos estás dispuesta/o a tomar hoy en tu trabajo?
Creería que algo que he aprendido es a confiar más en mis instintos y que, si bien el cine es una actividad que no se completa hasta que las películas llegan al público, no hay que tener eso tan en cuenta a la hora de elaborar el proyecto artístico. Primero haz la mejor versión de lo que quieres hacer y después encuentra la mejor manera de compartirlo a las personas. En muchos casos, eso implica ir en contra de ciertos gurús que piensan que ya todo está escrito, cuando, como sabemos, absolutamente todo está siempre en movimiento.
Un libro que te hizo cambiar de opinión
Voy a caer un poco en el cliché y diré que “Sapiens” de Yuval Noah Harari me reveló muchas cosas. No invalidó las críticas que el libro pueda tener frente a cierto eurocentrismo, pero entender que el Homo sapiens solo fue uno de varios tipos de especies humanas y que prevaleció sobre las demás porque ganó una guerra te cambia un poco la perspectiva. Te das cuenta de que todo es más “random” de lo que ya imaginas. También me acompañan mucho, espiritualmente hablando, libros como “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño y “Los fantasmas de mi vida” de Mark Fisher. En ambos me queda resonando la idea de que la búsqueda del sentido de la vida es una odisea con rumbo desconocido cuya cartografía se construye a partir del arte y los productos culturales que nos anteceden o nos rodean. Son como claves para encontrar aquello que está oculto en medio del desierto de nuestra propia existencia. Y quizás más vale no encontrarlo nunca, para no desencantarse con el resultado y tener una excusa para seguir en la ruta hacia lo desconocido.
Una idea que estás dejando atrás
Que el modelo democrático, que nunca se llegó a instalar del todo en América Latina, sea realmente el lugar al que debemos apuntar a estas alturas del siglo XXI. Con esto no quiero decir, como se interpreta a menudo, que desencantarse de la democracia implica abrazar alguna forma de dictadura. Seguimos amarrados a los maniqueísmos del siglo XX y ya es hora de comenzar a pensar en nuevos modelos de organización social que no nos conduzcan una vez más a lo mismo (en caso de que algo así sea posible). Con 10 presidentes en 10 años, el Perú es una prueba de que las elecciones democráticas nos son suficientes.
Una frase que te acompaña cuando todo tiembla
Mi abuela Ezia solía decir “todo pasa por algo”, seguramente aplicando la frase a su versión más determinista, en concordancia con la doctrina de la Iglesia católica. Sin ser yo un creyente en ese sistema, igual pienso que la energía del universo opera de maneras misteriosas (que nunca vamos a entender del todo) y aplico la misma frase a los momentos de crisis, pero trato de darle un sentido alternativo, el de que quizás todo infortunio sea a la vez una oportunidad para encontrar una mejor ruta en un mapa que no está del todo trazado aún (o, en todo caso, que no ha sido determinado ya por alguien más).
¿Qué pregunta no te hicimos y te hubiera gustado responder?
¿Cómo se llama tu perro? Sr. Spock. Lo menciono porque me acompaña y me hace feliz desde hace 14 años y es parte esencial de la vida que tenemos con Grecia, mi compañera en el cine y en la vida, y quien me hace ser la mejor versión de mí mismo en ambos mundos, que al final son uno mismo. También me gusta ser amigo de mis amigos, aunque las obligaciones de vivir en el capitalismo no nos permiten vernos tan seguido. Creo que está bueno siempre hablar de esas cosas (de lo que nos hace felices, aunque no sean académicamente capitalizables) y no quedarnos solo con lo del fin del mundo. El chiste de por qué vale la pena vivir la vida es justamente ese.
Si UNTOLD.ink fuera una constelación de personas y saberes, ¿qué rol te gustaría ocupar?
El guardián de la receta del risotto de la nonna Ezia y que es feliz de prepararla cada vez que la comunidad se reúna a celebrar algo. Me interesa la memoria, pero no para encapsularla o en abstracto, sino cuando la utilizamos como algo concreto que detona un cambio (pequeño o grande) en el presente, para que el movimiento de las cosas/personas que quisimos alguna vez no se detenga.
Fotos cortesía de Gonzalo Benavente Secco.

Sobre Gonzalo
Escritor y director de cine, teatro y televisión. Director de Autocinema, la productora que redefinió el documental político en el Perú. Su película La revolución y la tierra (2019) fue el documental más visto en la historia del cine peruano. Pero no fue accidente, Gonzalo ha trabajado en asentamientos humanos de Perú y América del Sur —territorio que lo marcó— y ahí aprendió que contar historias desde el Sur significa renunciar a la comodidad del discurso hegemónico. Actualmente trabaja en El arte de la guerra, ganador de fondos del Ministerio de Cultura y premiado en MAFIZ (Málaga) y Chile Conecta. En televisión fue jefe de guionistas de Aprendo en casa durante la pandemia, y dirigió Historias de papel (Plus TV), adaptando clásicos de la literatura a la pantalla chica. Es Magíster en Literatura hispanoamericana por la PUCP; por tres años dirigió comunicación en TECHO - Perú, y desde el año 2021, forma parte del comité de selección del Festival de Cine de Lima. Lo que importa de su trabajo no es cuántas pantallas ocupa, sino que el cine sigue siendo, para él, un acto de desobediencia creativa. En abril de 2026, su primera novela, Ítaca, será publicada bajo el sello editorial Los Olvidos.
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