Cartografías del desvío

Cartografías del desvío

Nicolás Madoery, desde el Sur

¿Qué implica imaginar desde los márgenes? Cartografías del desvío es un formato de entrevistas breves pero significativas, que buscan balancear profundidad crítica con humanidad, desde una mirada situada en el Sur y para el Sur. En esta conversación con Nicolás Madoery, exploramos cómo diseñar futuros culturales en un ecosistema digital dominado por la lógica extractiva del engagement. Desde su lugar en el Sur —geográfico, simbólico y político—, Nicolás nos invita a pensar la tecnología con criterio, soberanía y protocolos propios, más allá de la inercia del algoritmo.

¿Qué historias, personas o territorios marcaron tu mirada sobre el futuro?

Lo primero, más random: mis dos abuelos. Mi abuelo Roberto se sentaba en verano en la casa, miraba hacia el horizonte, leía y escribía. Cuando te acercabas, siempre estaba abierto a hablar de historia… hasta que te pedía disculpas y seguía en lo suyo. Para mí, él estaba en el futuro. 

Por otro lado, mi abuelo materno, Miguel Ángel, me invitó a trabajar con él cuando yo recién estaba terminando la secundaria y me explicó lo que era un diagrama de Gantt. La posibilidad de aterrizar y proyectar algo que podía pasar más adelante me hizo pensar que la capacidad de “hacer” está dada por cómo las acciones se suceden entre sí.

Después tengo una imagen muy presente de la universidad, donde estudié Música Electroacústica y estaba rodeado de artistas muy talentosos. No sé por qué, pero en determinado momento me di cuenta de que la limitante para poder “vivir” de su creación no era su capacidad creativa —que era increíble— sino su capacidad de usar tecnologías y adaptarse a plataformas y formatos. En ese momento ni siquiera existía Facebook.

En 2011 empecé a viajar por Argentina y Latinoamérica y tuve la oportunidad de conversar con cientos de artistas y gestores. En ese contexto, entender redes sociales y plataformas de streaming se volvía un desafío.

Con el tiempo, fui conociendo artistas con mucho desarrollo —de Juana Molina a La Mona Jiménez— y me di cuenta de que esa fricción también estaba ahí. No era solo “aprender a usar tecnologías”: también había que acompañar a las audiencias en ese proceso.

Y en paralelo, acompañando a instituciones a desarrollar estrategias de distintos tipos, me di cuenta de que faltaban visiones situadas de futuro para el sector cultural y su cruce con la tecnología. Eso me llevó a profundizar en las tensiones que hoy son necesarias para pensar el futuro.

¿Cómo entiendes el rol del diseño y la innovación en los países del Sur Global?

El tema de la innovación se volvió un poco un cliché. Hoy casi todo es un remix. Y creo que desde Latinoamérica, justamente, aparece una potencialidad: nuestra innovación está dada por leer el contexto de manera tecno-realista (las tecnologías no son neutrales, pero tenemos que aprender a aprovecharlas) y poner foco en identidades, con todo lo que eso implica, incluyendo soberanía.

Se confunde mucho la idea de innovación como sumar herramientas. Yo creo que lo central es reducir la arbitrariedad y aumentar el criterio. Y en esa licuadora donde nuestra esencia define cómo usamos las tecnologías aparece lo más interesante. Y no necesariamente es lo más popular.

¿Hay una pregunta que siempre estés intentando responder con tu trabajo?

Durante más de 10 años, trabajando con música desde la producción (con mi sello) y la distribución, mi pregunta era: ¿cómo aprovechar las herramientas para que la música —el contenido que yo estaba trabajando— llegue más lejos? Eso quedaba enmarcado en una visión bastante ingenua de internet.

Hoy está más abocado a otra cosa: ¿se pueden imaginar nuevas lógicas de creación y consumo en este contexto digital, que escapen a lo extractivo, a la lógica de la instantaneidad, y que nos ayuden a pensar futuros más amables?

En mi caso, eso no es solo una discusión teórica: lo bajo a prototipos. Desde FUTURX mezclo investigación, formación y acompañamiento a organizaciones para transformar preguntas en prácticas: qué se automatiza y qué no; qué se delega a un modelo y qué queda como decisión humana; qué se documenta; qué se transparenta; qué se protege. Ahí aparece lo que me interesa: diseñar criterios para no usar IA “por usar”, sino para sostener identidad, agencia y soberanía en el día a día.

¿Cuál crees que es el mayor malentendido de la humanidad?

Que existe una sola verdad. E incluso, como dice Juan Campodónico, que existe “una sola verdad a la vez”. Como pasa en internet, una semana es una guerra x, la otra es Bad Bunny en el Super Bowl, la siguiente es otro tema x. Y parecería existir una sola postura válida sobre estos hechos. 

Nos volvimos cada vez más complejos y cada quien está convencido de que su visión del mundo es la correcta. Juzgamos y tomamos partido con información altamente sesgada, que en general nos ayuda a confirmar lo que ya pensábamos de antemano.

Nos cuesta sostener discusiones críticas, cambiar de opinión y, más aún, reconocerlo. Tenemos trabajo como sociedad en estos puntos. 

¿Y la mayor conspiración?

No creo en una en particular. Los mecanismos más eficaces de manipulación surgen cuando el poder (en muchos casos, los estados, pero también las corporaciones) define qué se ve, qué se oculta y cómo se segmenta a la sociedad. No es algo nuevo, pero hoy se volvió más granular y más escalable: narrativas empujadas desde infraestructuras, cambios de políticas públicas empaquetados como “sentido común” y tecnologías usadas para ampliar la capacidad de vigilancia.

En Argentina, estas últimas semanas, mientras se discutía en el Congreso una reforma laboral histórica en contra de los trabajadores, muchísimos medios empezaron a poner foco en los “therian” y en este movimiento donde humanos se comportan como animales. Puede ser coincidencia, pero a muchos nos resultó curioso que, mientras una gran parte de la población tenía que estar discutiendo un tema tan central, la agenda se corriera hacia algo tan banal. No digo que haya una coordinación directa; digo que el patrón de desplazamiento de agenda es un mecanismo recurrente.

¿Qué conversaciones aún faltan en las mesas donde se toman decisiones?

Falta darle un lugar real a la cultura. Y con cultura me refiero al ecosistema alrededor de la creación cultural: literatura, arte, música, cine, videojuegos y más, dentro de las transformaciones que estamos viviendo como sociedad.

La innovación tecnológica no debe ni puede pasar por encima de todo. Necesitamos aprender y aprehender cómo estas tecnologías impactan, pero de forma soberana, ética y crítica.

En el último estudio de la UNESCO sobre repensar las políticas para la creatividad, dicen que de 148 leyes de inteligencia artificial que se están trabajando, solo 1 está enfocada en la cultura.

¿Cómo puede la práctica de tu profesión incomodar las estructuras de poder actuales?

Por un lado, haciendo preguntas (que inevitablemente abren conversaciones). Y por otro, dándole voz a proyectos o personas que actúan en los márgenes, o que a veces no se sabe cómo piensan.

Eso pasa en DATA A LA DERIVA, mi podcast para hablar con artistas y personas de la cultura sobre cómo les impacta la tecnología.

¿Qué riesgos estás dispuesta/o a tomar hoy en tu trabajo?

Los riesgos necesarios para generar transformaciones reales. Para hacer que las personas piensen y se den cuenta de que es clave actuar si queremos modificar el contexto.

Obviamente hay contextos donde esto es más permeable y otros que no. Pero tomar riesgos en lo que uno dice y hace se vuelve fundamental.

Me expongo a perder oportunidades por ser explícito con mis límites (qué IA sí / qué IA no, qué data no capturo, qué prácticas no hago). Pero prefiero ese costo antes que sostener proyectos “exitosos” a fuerza de concesiones que después no puedo defender.

Un libro que te hizo cambiar de opinión

Siempre es el último que voy leyendo. En este caso, Un destino común, un libro de charlas y entrevistas a Lucrecia Martel, una cineasta muy importante de Argentina (y creo que global), me hizo generar nuevas opiniones. No sé si “cambiar”, pero sí orientar o re-orientar.

En este contexto donde parece que el éxito se mide en likes por miles o streams por miles, darse cuenta de que quizás una buena conversación entre dos personas sobre lo que está pasando tiene más valor… es genial.

Me reafirmó que el valor no está en escalar todo, sino en cuidar el contexto: a veces una conversación bien puesta tiene más potencia cultural que mil impactos sin fricción.

Una idea que estás dejando atrás 

La idea de que algo puede ser estático. Cuanto más acepto que el contexto y la coyuntura son y serán cambiantes, más me sirve para pensar nuevas ideas.

Visualmente sería reconocer que, más que en asfalto, estamos parados en gelatina. Creo que por eso me obsesionan los protocolos últimamente: la idea de crear ciertas brújulas que ayuden dentro de estos cambios.

Una frase que te acompaña cuando todo tiembla

Vuelvo al método: observar, documentar, decidir criterios. Re-pensarme. Hacer listas. No hay una frase puntual. 

¿Qué pregunta no te hicimos y te hubiera gustado responder?

¿Cómo podemos ordenar el uso de la IA en los proyectos? (risas) Es en lo que estoy trabajando ahora. En protocolos de uso de IA en proyectos. Creo que hay que pensar y trabajar mucho en ese frente. 

Si UNTOLD.ink fuera una constelación de personas y saberes, ¿qué rol te gustaría ocupar?

Quiero ser el archivo. Así me llega toda la data. 

Para mí, ser archivo es resistir la lógica de la instantaneidad: guardar contexto  y no depender de lo que el algoritmo decide mostrar hoy.


Fotos cortesía de Nicolás Madoery

Sobre Nicolás

Trabaja en la intersección de cultura, nuevas tecnologías y cultura de internet desde hace 20 años. Es Fundador y Director de FUTURX, un centro de investigación dedicado a explorar el impacto de tecnologías emergentes como la IA, nuevas dinámicas de internet, VR y nuevas herramientas en la creación y los ecosistemas culturales latinos. Destaca en dos facetas complementarias: como divulgador e investigador, ha producido una amplia cantidad de reportes, conferencias, publicaciones, podcasts y otros contenidos enfocados en la relación entre tecnología y cultura; y como consultor estratégico, asesora a proyectos culturales para que puedan aprovechar las nuevas tecnologías, generando un impacto significativo en sus áreas de acción. Su enfoque crítico fomenta el aprendizaje y la experimentación en comunidad y la incorporación de nuevas tecnologías a los proyectos. Actualmente, investiga y desarrolla procesos en torno a las tensiones entre economía de la atención, plataformas de streaming, inteligencia artificial y soberanía cultural. Impulsa la creación de protocolos de uso crítico de IA para organizaciones culturales, como herramienta para repensar el presente digital desde una mirada ética, regional y colectiva.

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